Hoy al ir al polideportivo, en la cola del mostrador de la entrada, había un señor mayor con un trozo de metal en la mano quejándose y pidiendo que lo quitaran (de un frontón o de no se dónde), porque había niños que se podían hacer daño con eso.
Al principio me ha parecido guay, pero tras unos minutos el abuelo se estaba poniendo pesado con el tema, y el tipo al que le hablaba, claramente no le podía arreglar el problema. Lo más que le ofrecía era una hoja de reclamaciones, como una que el señor ya había completado tiempo atrás.