Aitor es el único animal capaz de caer dos veces en el mismo verdín

Desde que ocurrió lo que a continuación contaré, siempre que paso por esa esquina de la Pasarela del Padre Arrupe que une mi universidad con la explanada del Guggenheim, decelero mi ritmo acordándome de esta nefasta anécdota. No quisiera que un clásico entre los clásicos de mis anécdotas se me quedase en el tintero y ya que este año es mi último año en la universidad y consecuentemente el último en el que pasaré dos veces al día por ese lugar, quien sabe si no volveré a recordar esta anécdota por mucho tiempo...

"El hombre [el ser humano] es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra"

Cualquiera que conozca esa zona tan turística de Bilbao y pase con cierta frecuencia por allí, se habrá dado cuenta de que quien diseño aquello no se lo curro mucho. Será que me he vuelto tiquismiquis de tanto pasar por ahí, pero si tuviera que enumerar algunas cosas desastrosas de la explanada del Guggenheim, en un día no muy inspirado se me ocurrirían:

  • Las escaleras del Guggenheim. Si, esas en las que cambias de pie con el que subes las escaleras con una frecuencia irregular. Se les acaba cogiendo el callo.
  • Humedades en dichas escaleras. Más que humedades, son pequeños riachuelitos que suelen salir de algunas de esas escaleras y llegan hasta abajo del todo. Por mucho que todas las mañanas se empeñen en limpiar la zona con agua a presión (a ver si os pensáis que esa zona esta descuidada...), hay hasta una pequeña flora alrededor de dichos mini-riachuelos.
  • Lagos en la explanada. Siempre que llueve un poco se forman no charcos, si no pequeños lagos en la explanada del famoso museo. Para mayor coña esas fuentes tan modernas suelen estar en marcha incluso los días de lluvia, haciendo su pequeña contribución a los lagos. Esto es de 10, no se quien sería el arquitecto/ingeniero/soplagaitas que diseño eso, pero no me vale la escusa de que es explanada. No estamos en Almería si no en Bilbao y la lluvia se presupone. ¿Tan difícil o antiestético era intentar canalizar bien ese agua?
  • Baldosas chapuceras. Dan una imagen un poco deplorable, pero tantas exposiciones temporales y chuminadas que se hacen a los pies de la escaleras famosas, hace que haya algo así como 500 tipos de baldosas de distinta tonalidad (si, las exposiciones por muy temporales que sean, se suelen anclar al suelo de tal manera que se quitan las baldosas del mismo).
  • Pasarela del padre Arrupe. Toda ella en si es una chapuza. Hecha de madera, fue muy bonita el primer día, pero a partir de ahí el duro clima de Bilbao ha pasado estragos a esa madera. Por otro lado tiene unas escaleras como las del Guggenheim (a las que llamaremos de paso irregular) pero con una mayor dificultad: tienen una pequeña inclinación (vamos, que están en cuesta, os puedo asegurar que paso miedo siempre que hay un poco de lluvia). Culminando estas escaleras hay una esquina llena de verdín (que dicho sea de paso, es de lo que iba este articulo).

Pues bien, si esas escaleras son peligrosas, la esquina no lo es menos. Lo malo es que de las escaleras te esperas lo peor y vas con más cuidado que Silvester Stallone escalando las montañas de Máximo Riesgo. La esquina esa es ya más perra, porque te confías un poco y vas al suelo fijo.

Y eso me paso por primera vez. Volvía de clase y estaba todo la pasarela llovida. Claro, la madera es guay para los turistas, pero hace el puente resbaladizo de pelotas. Me fije en la esquina, fui con cuidado, pero no hubo manera. Mis playeras no facilitaron en nada el asunto (ya se sabe como es el clima de Bilbao, sales de casa con buen tiempo, vuelves con lluvia). Para el suelo en una de esas veces en las que quedas como el culo y alegras el día al que va por detrás tuyo porque ya tiene que contar en el trabajo o casa.

La anécdota en si, vino en mi segunda vez. No había pasado mucho tiempo de mi primera vez y me había comprado unas bota-playeras de trecking y desde el primer momento me había parecido una cosa utilisima. Funcionalidad de botas de monte, pero cómodas como playeras. Se puede decir que me sentía poderoso con aquel calzado nuevo pero hecho para conquistar las más difíciles cumbres del día a día.

Aquella esquina no era una de ellas. Lo descubrí tarde. Bajaba por las escaleras nefastas y pense: "estas botas han costado lo suyo y están pensadas para casos como estos, vamos a demostrar la diferencia con las playeras". Y ingenuo de mi pise con todo el convencimiento del mundo. Fríamente, cual científico que se sabe vencedor de antemano, convencido de cual será el resultado de su experimento. Botas no resbalan luego pisa con ganas.

"Un experimento muy idiota" pensé tendido en el suelo. Tan idiota que hasta yo mismo me reí de todo aquello. La segunda y en la frente.

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